¿Cómo empezar cuando no sé por dónde empezar?
Cuántas veces te has descubierto pensando en lo que te gustaría cambiar de tu estilo de vida?
A veces sentimos que hay tantas cosas por mejorar que no sabemos cuál debería ser el primer paso.
Nos han hecho creer que no necesitamos motivación, sino disciplina; pero, en realidad, es un balance entre ambas. Necesitamos entender por qué queremos cambiar, reconocer el detonante que nos impulsa a transformar un hábito y, después, definir metas claras: específicas, alcanzables, medibles, relevantes y temporales.
Una vez que lo tienes, elige una sola meta para comenzar.
Los cambios empiezan con microacciones
Alcanzar cualquier meta requiere dividirla en pequeñas acciones. Por ejemplo: “Tomar más agua”.
Antes de empezar, puedes cuestionarte:
• ¿Tengo acceso fácil a agua (filtro, garrafón, botellas) en casa o en el trabajo?
• ¿Qué me impide tomar más agua durante el día?
Luego, define microacciones:
• Iniciar el día con un vaso de agua.
• Decidir cuántos vasos necesitas al día.
• Mantener a la vista un vaso o termo como recordatorio.
• Programar recordatorios.
• Llevar siempre agua contigo.
Puedes añadir nuevas metas cada semana o avanzar a tu propio ritmo.
Sin prisa, sin perfección
No intentes alcanzar la perfección de inmediato.
Todo cambio requiere tiempo, paciencia y adaptación. La disciplina aparece cuando reconoces los beneficios de cumplir tus metas y cuando te conectas con lo bien que te hace sentir cuidarte.
No necesitas tener todo claro para empezar. Solo empezar.
Es tu historia, tu ritmo y tu proceso.
Nadia Carpio